CAPITULO XVII
LA CIENCIA DE LA MEDITACION
El vacío es muy difícil de explicar porque es
indefinible e indescriptible. El vacío no puede describirse o expresarse en
palabras humanas, debido a que los distintos idiomas que existen sobre la
tierra sólo pueden designar cosas y sentimientos existentes; no es en modo
alguno exageración afirmar que los lenguajes humanos no son adecuados para
expresar las cosas y los sentimientos no existentes, y sin embargo
tremendamente reales.
Tratar de definir el vacío iluminador dentro de
los límites terrenos de una lengua limitada por las formas de la existencia es,
fuera de toda duda, tonto y equivocado.
Es necesario conocer, experimentar en forma
viviente el aspecto iluminado de la conciencia.
Es urgente sentir y experimentar el aspecto
vacío de la mente.
Existen dos tipos de iluminación: la primera
suele llamarse "agua muerta" porque tiene ataduras. La segunda es
elogiada como "la Gran Vida" porque es iluminación sin ataduras,
vacío iluminador.
En esto hay grados y grados, escaleras y
escaleras; es necesario llegar, primero, al aspecto iluminado de la conciencia
y, después, al conocimiento objetivo, al vacío iluminador.
El Buddhismo dice: "La forma no difiere
del vacío y el vacío no difiere de la forma; la, forma es vacío y el vacío es
forma".
Es debido al vacío que las cosas existen y, por
el mismo hecho de que las cosas existen, deben ser el vacío.
El vacío es un término claro y preciso que
expresa la naturaleza no substancial y no personal de los seres, y una
indicación, una señal del estado de absoluta ausencia del yo pluralizado.
Sólo en absoluta ausencia del Yo podemos
experimentar lo real, aquello que no es del tiempo, eso que transforma
radicalmente.
El vacío y la existencia se complementan entre
sí, se abrazan, se incluyen, jamás se excluyen, jamás se niegan.
La gente común y corriente de todos los días,
la gente de conciencia dormida, percibe subjetivamente ángulos, líneas,
superficies, pero jamás los cuerpos completos por dentro y por fuera, por
arriba y por abajo, por delante y por detrás, etc., y mucho menos pueden
percibir su aspecto vacío.
El hombre de conciencia despierta y mente vacía
e iluminada ha eliminado de sus percepciones los elementos subjetivos, percibe
los cuerpos completos, percibe el aspecto vacío de cada cosa.
Esta es la doctrina no discriminativa del
camino medio, la unificación del vacío y la existencia.
El vacío es eso que no tiene nombre... eso que
es real... eso que es la verdad y que algunos llaman el Tao, otros el Inri,
otros el Zen... Alá... Brahatman o Dios, no importa como se le llame.
El hombre que despierta la conciencia
experimenta la tremenda verdad de que ya no es esclavo y, con dolor, puede
verificar que las gentes que andan por las calles soñando, parecen verdaderos
cadáveres ambulantes.
Si este despertar de la conciencia se hace
continuo mediante la íntima recordación de sí mismo de momento en momento, se
llega entonces a la conciencia objetiva, a la conciencia Pura, al aspecto vacío
de la mente.
La conciencia iluminada es fundamental para
experimentar lo real y reducir al Yo pluralizado a polvareda cósmica; pero este
estado está todavía al borde del Samsara (el mundo doloroso en que vivimos).
Cuando se ha llegado al estado de conciencia
despierta se ha dado un formidable paso, pero el iniciado continúa todavía
desafortunadamente ofuscado por la idea monista, es incapaz de romper todos
estos sutiles hilos que lo conectan a ciertas cosas, a ciertos efectos de tipo
perjudicial, no ha llegado a la otra orilla.
Cuando el iniciado desata los vínculos que en
una u otra forma lo atan a la conciencia iluminada, llega entonces a la
perfecta iluminación, al vacío iluminador, libre y enteramente insubstancial.
Llegar al centro mismo de la mente, llegar al
vacío iluminador, al conocimiento objetivo, es algo tremendamente difícil, pero
no imposible, todo gnóstico puede lograrlo si trabaja sobre sí mismo.
El vacío iluminador no es la nada, el vacío es
la vida libre en su movimiento. El vacío es lo que es, lo que siempre ha sido y
lo que siempre será. El vacío está mas allá del tiempo y más allá de la
eternidad.
La mente tiene trescientos mil clanes o
centros, receptivos, y cada clan debe vibrar al mismo tono sin esfuerzo alguno.
La mente es de naturaleza femenina y está hecha
para recibir, asimilar y comprender.
El estado natural de la mente es receptivo,
quieto, silencioso, como un océano profundo y tranquilo.
El proceso del pensar es un accidente anormal
cuya causa original se encuentra en el Yo pluralizado.
Cuando la mente está vacía de toda clase de
pensamientos, cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio,
los trescientos mil clanes vibran entonces al mismo tono sin esfuerzo alguno.