CAPITULO XIII
EL COLLAR DEL BUDDHA
En el momento de la muerte, dice el libro
tibetano de los muertos, "los cuatro sonidos llamados sonidos que inspiran
terror sagrado se escuchan: El de la fuerza vital del elemento tierra, un sonido
como el derrumbamiento de una montaña; el de la fuerza vital del elemento agua,
un sonido como el de las olas del océano, el de la fuerza vital del elemento
fuego, un sonido como el incendio de una selva; el de la fuerza vital del
elemento aire, un sonido como el de mil truenos reverberando simultáneamente.
El lugar a donde uno se refugia huyendo de estos ruidos es la matriz".
El estado intelectual común y corriente de la
vida diaria no es todo, el libro tibetano de los muertos dice: "Oh noble
hijo, escucha con atención y sin distraerte. Hay seis estados transitorios de
Bardo que son: El estado natural del Bardo durante la concepción; el Bardo del
estado de los ensueños; el Bardo del equilibrio estático en la meditación
profunda; el Bardo del momento de la muerte; el Bardo del equilibrio y de la
experiencia de la realidad, y el Bardo del proceso inverso de la existencia
Samsariana (recapitulación retrospectiva de la vida que acaba de pasar). Tales
son los seis estados".
Con este exótico término Bardo, los iniciados
tibetanos definen inteligentemente esos seis estados concientivos diferentes,
distintos, al estado rutinario intelectual común y corriente de la vida diaria.
Todo el que muere tiene que experimentar tres
Bardos: El Bardo del momento de la muerte, El Bardo de la experiencia de la
realidad y el Bardo de la búsqueda del renacimiento.
Existen cuatro estados de materia dentro de los
cuales se desarrollan todos los misterios de la vida y de la muerte.
Existen cuatro círculos, cuatro regiones,
dentro de las cuales están representados todos los mundos y los tiempos de la
materia en estado mineral, materia en estado celular, materia en estado
molecular, materia en estado electrónico. Estos son los cuatro viejos mundos:
el infierno, tierra, paraíso y cielo.
Todo desencarnado debe esforzarse por alcanzar
la liberación intermedia, un estado semejante al del Buddha, en el mundo de los
electrones libres.
Es urgente saber que la liberación intermedia
es la felicidad sin limites entre la muerte y el nuevo nacimiento.
En las regiones moleculares y electrónicas
existen muchas naciones, o reinos de inmensa dicha, donde puede internamente
nacer todo desencarnado si la ley del Karma se lo permite.
Aquellos que tienen buen Dharma, aquellas
personas que han hecho muy buenas obras, pueden darse el lujo de unas buenas
vacaciones entre la muerte y el nuevo nacimiento.
Quien ha hecho muchas obras buenas puede nacer
milagrosamente, antes de su reincorporación en la tierra, en el reino dichoso
del oeste, a los pies del Buddha Amitaba, entre las flores del loto o en el
reino de la suprema dicha, o en el reino de la densa concentración, o en el
reino de los largos cabellos, o en el reino de Maitreya, etc.
Los distintos reinos de las regiones
moleculares y electrónicas resplandecen de felicidad.
Existen muchos maestros que ayudan a los
difuntos que se lo merecen. Esos maestros tienen métodos y sistemas para
orientar al Buddhata, a la Esencia, al Alma, en el trabajo de liberación por
algún tiempo de los cuerpos lunares y del ego, para ingresar a los reinos de
las regiones moleculares y electrónicas.
Es lamentable que el Alma, la Esencia, tenga
que regresar a sus cuerpos lunares dentro de los cuales habita el ego. Tal
regreso es inevitable para renacer en el mundo.
Son muy pocas las almas que logran la
liberación intermedia (no se confunda ésta con la liberación final).
Toda alma, después de la muerte, puede ascender
a los reinos de la felicidad de los mundos molecular y electrónico, o descender
a los mundos infiernos del reino mineral, o reingresar inmediatamente o en
forma inmediata en un cuerpo semejante al que había tenido antes.
Estos tres caminos del fatal puente de Chivat
están descritos muy sabiamente y con sorprendente claridad en la leyenda
Zoroástrica:
"Todo aquél cuyas buenas obras excedan en
tres gramos a su pecado, va al cielo; todo aquél cuyo pecado es mayor, al
infierno; en tanto que aquél en el que ambos sean iguales, permanece en el
Hamistikan, hasta el cuerpo futuro o resurrección."
La ley del Karma, esa sabia ley que ajusta los
efectos a las causas, se encarga de dar a cada cual después de la muerte lo que
merece. Ley es Ley, y la Ley se cumple.
La liberación intermedia, la felicidad en los
reinos de las regiones moleculares y electrónicas, tiene un límite, agotada la recompensa
regresa la Esencia a los cuerpos lunares en donde mora el ego; luego viene el
retorno, la reincorporación, la entrada a una nueva matriz.
El libro tibetano de los muertos dice:
"Dirige tu deseo, y entra en la matriz. Al mismo tiempo emite tus ondas de
donación (de gracia o de buena voluntad) sobre la matriz a la que vas a entrar
(transformándola así) en una mansión celestial."
Por estos tiempos son muy pocas las almas que
ingresan a los distintos reinos de las regiones molecular y electrónica después
de la muerte.
El ego, a través del tiempo, se ha complicado
demasiado, se ha robustecido exageradamente, y por ello la Esencia, el Alma,
está demasiado aprisionada dentro de los cuerpos lunares.
Por estos tiempos de crisis mundial, la mayor
parte de las almas nacen en el infierno (reino mineral) para no retornar, o se
reencarnan inmediatamente sin ascender a los reinos de los dioses.
La gran ley sólo le da al ser humano ciento
ocho vidas, y esto nos recuerda al collar del Buddha con sus ciento ocho cuentas.
Si el ser humano no sabe aprovechar las ciento
ocho cuentas del collar del Buddha, si el ser humano no logra auto-realizarse
en estas ciento ocho vidas, nace entonces en los mundos infiernos de la
naturaleza.
Normalmente todos los seres humanos descienden
a los mundos infiernos conforme sus tiempos se van venciendo.
Al mundo han venido muchos profetas, avataras,
salvadores, que, comprendiendo los terrores del abismo, han querido salvarnos,
pero a la humanidad no le gustan los avataras, los salvadores. A la humanidad
no le interesa la salvación.
Esto de la auto-realización íntima sólo es
posible a base de tremendos súper-esfuerzos, y a la humanidad no le gustan los
súper-esfuerzos; las gentes sólo dicen: "Comamos y bebamos que mañana
morimos".
La auto-realización íntima no puede jamás ser
el resultado de ninguna mecánica, aun cuando sea ésta de tipo evolutivo.
La ley de la evolución y su hermana gemela la
ley de la involución son leyes puramente mecánicas de la naturaleza, que a
nadie pueden auto-realizar.
Quien quiera auto-realizarse debe meterse por
la senda del filo de la navaja, por el difícil camino de la revolución de la
conciencia. Este camino es más amargo que la hiel, este camino no le gusta a
nadie.
Es necesario que nazca el Maestro secreto dentro
de nosotros, es necesario morir, el ego debe morir; es urgente sacrificarnos
por la humanidad, esa es la ley del Logos Solar, él se sacrifica crucificándose
en los mundos para que todos los seres tengan vida y la tengan en abundancia.
Nacer es un problema sexual, morir es cuestión
de disolver el yo, sacrificio por la humanidad es amor.
Eso de permanecer 20 ó 30 años en la novena
esfera, para tener derecho a nacer en los mundos superiores, eso de morir,
disolver el querido yo, eso de sacrificarse por la humanidad, no le gusta a las
gentes.
A la humanidad no le interesa la
auto-realización íntima, y es claro que a nadie se le puede dar lo que no
quiere.
A la gente lo único que le interesa es
conseguir dinero, comer, beber, reproducirse, divertirse, tener poder,
prestigio, etc.
Esto explica por qué son pocos los que se
salvan:
"Muchos son los llamados y pocos los
escogidos".
En el mundo abundan muchas gentes que
aparentemente quieren auto-realizarse, para tener derecho a entrar al reino del
esoterismo, pero esas gentes en el fondo lo que quieren es divertirse con estos
estudios y eso es todo.
Esas gentes son mariposeadores que hoy están en
una escuela y mañana en otra, no conocen el camino y, si lo llegan a conocer,
en principio se entusiasman mucho y luego, cuando ya ven que el trabajo es
serio, huyen espantados y buscan refugio en otra escuela.
La línea de la vida es la espiral, y la
humanidad va descendiendo en cada reencarnación por la escalera en forma de
caracol, hasta llegar a los mundos infiernos del reino mineral.
En el infierno (reino mineral) el tiempo es
diez veces más largo, diez veces más lento y terriblemente aburridor; cada cien
años se hace allí un pago de la deuda Kármica.
El descenso a los mundos infiernos es un viaje
hacia atrás, involucionando en el tiempo, retrocediendo, pasando por estados
animales, vegetales y minerales.
Al llegar al estado fósil, el ego y sus cuerpos
lunares se vuelven polvareda cósmica.
Cuando el ego y los cuerpos lunares se vuelven
polvo en el infierno, el Alma se libera, regresa al caos primitivo dispuesta a
evolucionar nuevamente, subiendo a través de varias eternidades por los estados
mineral, vegetal y animal, hasta volver a alcanzar el estado humano.
Quien no aprovecha las ciento ocho vidas,
representadas por las ciento ocho cuentas del collar del Buddha, nace en los
mundos infiernos.
Este es el Naraka hindú, situado debajo de la
tierra y debajo de las aguas, el Aralu babilónico, la tierra del no retorno, la
región de la densa oscuridad, la casa cuyos habitantes no ven la luz, la región
donde el polvo es su pan y el lodo su alimento.
Este es el crisol de fundición, donde las
formas rígidas, los cuerpos lunares y el ego, deben fundirse, reducirse a
polvo, para que el Alma se libere.
El tiempo que el Alma ha de vivir en los mundos
infiernos depende de su Karma. Es claro que aquellos terribles magos negros que
desarrollaron el órgano kundartiguador y los chakras del bajo vientre, los
luciferes, Anagarikas, Ahrimanes, etc., viven eternidades enteras,
mahamvantaras completos, en esas regiones infernales, antes de reducirse a
polvo cósmico.
La gente común y corriente, la gente de todos
los días, esos que no se auto-realizaron porque no les interesó la
auto-realización, pero que no fueron decididamente perversos, sólo duran en los
mundos infiernos de ochocientos a mil años.
Los castigos mayores son para aquellos que
deshonraron a los dioses, los boddhisattwas caídos, los hanasmussianos con
doble centro de gravedad, y para los parricidas y matricidas, y para los
asesinos y señores de la guerra y maestros de magia negra.
El Libro Tibetano de los Muertos dice: "Al
caer ahí tendrás que sufrir padecimientos insoportables, y donde no hay tiempo
cierto de escapar".
A los mundos infiernos no solamente entran los
decididamente perversos, sino también aquellos que ya vivieron sus ciento ocho
vidas y no se auto-realizaron: "Arbol que no da fruto, cortadlo y echadlo
al fuego".
Los teósofos dicen que existen tres senderos de
perfección, y Annie Besant escribió sobre estos tres senderos.
Los tres senderos reciben los nombres de Karma
Yoga, Jnana Yoga, Bhakti Yoga.
Karma Yoga es el sendero de la acción recta.
Jnana Yoga es el sendero de la mente.
Bhakti Yoga es el sendero de la devoción.
Con Karma Yoga vivimos rectamente, cosechamos
mucho Dharma (recompensa), pero no fabricamos los cuerpos solares porque éste
es un problema sexual.
Con Jnana Yoga nos hacemos fuertes en
meditación y yoga, pero no fabricamos los cuerpos solares porque éste es
trabajo con el hidrógeno SI-12 del sexo.
Con Bhakti Yoga podemos seguir la senda
devocional y llegar al éxtasis, pero esto no significa fabricación de los
cuerpos solares.
Existen escuelas que afirman la existencia de
siete senderos, y hay algunas que dicen que existen doce senderos.
Jesús el Cristo dijo: "Entrad por la
puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la
perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta y
angosto el camino que lleva a la vida., y pocos son los que lo hallan".
Nunca jamás dijo el Maestro de Maestros que
hubieran tres puertas o tres caminos. El solamente habló de una sola puerta y
de un solo camino. ¿De dónde han sacado eso de los tres senderos de liberación?
De dónde sacan otras escuelas aquello de las siete puertas o senderos de la
liberación? ¿De dónde sacan otras organizaciones pseudo-ocultistas y
pseudo-esoteristas aquello de los doce senderos?
Realmente sólo existe un solo camino y una sola
puerta. Ningún ser humano sabe más que el Cristo y El nunca habló de tres
senderos, ni de siete, ni de doce.
El Camino tiene mucho del Karma Yoga y del
Jnana y del Bhakti y de las siete Yogas, pero no existe sino un sólo camino,
angosto, estrecho y espantosamente difícil.
El camino es distinto, opuesto a la vida
rutinaria de todos los días. El camino es revolucionario en un ciento por
ciento, está contra todo y contra todos. El camino es más amargo que la hiel.
El camino es el de la revolución de la conciencia, con sus tres factores de
nacer, morir y sacrificarse por la humanidad.
En el camino, el pobre animal intelectual debe
convertirse en un ser diferente.
Son muy raros los que encuentran el camino, y
más raros son todavía aquellos que no abandonan el camino. Realmente no todos
los seres humanos pueden desarrollarse y tornarse diferentes.
Aun cuando esto parezca una injusticia, en el
fondo no lo es; la gente no desea ser diferente, no le interesa, y a nadie debe
dársele lo que no quiere, lo que no desea, lo que no le interesa.
¿Por qué habría de tener el hombre lo que no
desea? si el pobre animal intelectual equivocadamente llamado hombre fuese
forzado a convertirse en un ser- diferente, cuando está satisfecho con lo que
es, entonces sí habría de hecho una gran injusticia.
Es claro que todo en la naturaleza está
sometido a la ley del número, medida y peso. Para todo ser humano
Y existen ciento ocho vidas, y, si no sabe
aprovecharlas, el tiempo se vence y la entrada a los mundos infiernos se hace
entonces inevitable.