CAPITULO XVI
INTIMA RECORDACION DE SI MISMO
Aun cuando parezca increíble, cuando el
estudiante se observa a sí mismo no se recuerda a sí mismo.
Los aspirantes, fuera de toda duda, realmente
no se sienten a sí mismos no son conscientes de sí mismos.
Parece algo inverosímil que cuando el aspirante
gnóstico auto-observa su forma de reír, hablar, caminar, etc., se olvida de sí
mismo, esto es increíble, pero cierto.
Sin embargo es indispensable tratar de
recordarse a sí mismo, mientras se auto-observa, esto es fundamental para
lograr el despertar de la conciencia.
Auto-observarse, auto-conocerse, sin olvidarse
de sí mismo, es terriblemente difícil, pero espantosamente urgente para lograr
el despertar de la conciencia.
Esto que estamos diciendo parece una tontería,
las gentes ignoran que están dormidas, ignoran que no se recuerdan a sí mismas,
ni aunque se miren en un espejo de cuerpo entero, ni aun cuando se observen en
detalle minuciosamente.
Este olvido de sí mismo, esto de no recordarse
a sí mismo, es realmente la causa causorum de toda la ignorancia humana.
Cuando un hombre cualquiera llega a comprender
profundamente que no puede recordarse a sí mismo, que no es consciente de sí
mismo, está muy cerca del despertar de la conciencia.
Estamos hablando algo que hay que reflexionar
profundamente, esto que aquí estamos diciendo es muy importante y no se puede
comprender si se lee mecánicamente.
Nuestros lectores deben reflexionar. La gente
no es capaz de sentir su propio Yo mientras se auto-observa, de hacerlo pasar
de un centro a otro, etc.
Observar la propia forma de hablar, reír,
caminar, etc., sin olvidarse de sí mismo, sintiendo ese Yo adentro, es muy
difícil, y sin embargo básico, fundamental, para lograr el despertar de la
conciencia.
El gran Maestro Ouspenski dijo: "La
primera impresión que me produjo el esfuerzo por ser consciente de mi Ser, por
ser consciente de mi mismo como Yo, de decirme a mí mismo: Yo estoy caminando,
Yo estoy haciendo, y de tratar de mantener vivo este Yo, de sentirlo dentro de
mi, fue lo siguiente: El pensamiento quedaba como dormido, cuando yo asía al
Yo, no podía pensar ni hablar; hasta disminuía la intensidad de las
sensaciones; además, uno podía mantenerse en semejante estado sólo por un
tiempo muy breve".
Es necesario disolver el Yo pluralizado,
volverlo, ceniza, pero tenemos que conocerlo; estudiarlo en los cuarenta y
nueve departamentos subconscientes, simbolizados entre los gnósticos por los
cuarenta y nueve demonios de Jaldabaoth.
Si un doctor va a extirpar un tumor canceroso,
necesita primero conocerlo, si un hombre quiere disolver el Yo, necesita
estudiarlo, hacerse consciente de él, conocerlo en los cuarenta y nueve
departamentos subconscientes.
Durante la íntima recordación de sí mismo, en
ese tremendo súper-esfuerzo por ser consciente de su propio Yo, es claro que la
atención se divide, y aquí volvemos nuevamente a aquello de la división de la
atención. Una parte de la atención se dirige, como es apenas lógico, hacia el
esfuerzo, la otra hacia el Ego o Yo pluralizado.
La íntima recordación de sí mismo es algo más
que analizarse a sí mismo, es un estado nuevo, que sólo se conoce a través de
la experiencia directa.
Todo ser humano ha tenido alguna vez esos
momentos, estados de íntima recordación de sí mismo; tal vez en un instante de
infinito terror, tal vez en la niñez o en algún viaje, cuando exclamamos: ¿Y
qué hago yo por aquí? ¿Por qué estoy yo aquí?
La auto-observación de sí mismo, acompañada en
forma simultánea con la intima recordación de su propio Yo, es terriblemente
difícil y sin embargo indispensable para auto-conocerse de verdad.
El Yo pluralizado resulta siempre haciendo lo
contrario durante la meditación, él goza fornicando cuando tratamos de comprender
la lujuria; él truena y relampaguea, en cualquiera de los cuarenta y nueve
departamentos subconscientes de Jaldabaoth, cuando tratamos de comprender la
ira; él codicia no ser codicioso cuando queremos reducir a polvo la codicia.
Intima recordación de si mismo es darse cuenta,
cabal de todos esos procesos subconscientes del mí, mismo, el Ego, el Yo
pluralizado.
Auto-observar nuestra forma de pensar, hablar,
reír, caminar, comer, sentir, etc., sin olvidarse de sí mismo, de los íntimos
procesos del Ego, de lo que está ocurriendo allá dentro, en los cuarenta y
nueve departamentos subconscientes de Jaldabaoth, resulta de verdad
espantosamente difícil y sin embargo fundamental para el despertar de la
conciencia.
La auto-observación, la íntima recordación de
sí mismo, inicia el desarrollo del sentido espacial, que llega a su plena
madurez con el despertar de la conciencia.
Los chakras mencionados por mister Leadbeater y
muchos otros autores son, con relación al sentido espacial, lo que las flores
con relación al árbol que les da vida.
Lo fundamental es el árbol. El sentido espacial
es el funcionalismo normal de la conciencia despierta.
Todo hombre despierto de verdad puede ver, oír,
tocar, oler y palpar todo lo que ocurre en los cuarenta y nueve departamentos
subconscientes de Jaldabaoth.
Todo hombre despierto de verdad puede verificar
por sí mismo, a través de la experiencia directa, los sueños de las gentes,
puede ver esos sueños en las personas que andan por las calles, en los que
trabajan en fábricas, en los que gobiernan, en toda criatura.
Todo hombre despierto de verdad puede ver, oír,
oler, tocar y palpar todas las cosas de los mundos superiores.