CAPITULO IV
CIENCIA ATOMICA
El sistema solar de Ors, en el cual vivimos,
nos movemos y tenemos nuestro Ser, resulta siendo en el fondo una gran Molécula
que se desarrolla y desenvuelve dentro de ese organismo vibrante y espiraloide
de la Vía Láctea.
Las distintas concepciones científicas sobre
átomos son en el fondo exclusivamente provisionales. El fraccionamiento atómico
de ninguna manera significa conocimiento absoluto sobre la estructura del
átomo, o sobre el complejo mecanismo íntimo de moléculas, corpúsculos
sub-atómicos y electrones.
La concepción saturniana de la estructura
atómica es muy empírica; toda opinión científica o supracientifica resulta siendo
demasiado relativa e inestable.
Nosotros los gnósticos afirmamos enfáticamente
que, además de los protones, electrones, neutrones, etc., existen muchos otros
corpúsculos, todavía desconocidos para la ciencia oficial.
Dentro del núcleo atómico existe una formidable
estructura absolutamente desconocida para la ciencia oficial.
Los científicos ya fraccionan el átomo para
liberar energía nuclear, pero realmente nada saben sobre la íntima estructura
intra-corpuscular del electrón.
A la luz de la nueva cultura iniciada en el
mundo por el Movimiento Gnóstico, podemos considerar al electrón como una
primordial cristalización de eso que los indostanes llaman Akasha, la materia
prima de la Gran Obra, la sustancia única de la cual devienen por
cristalizaciones encadenadas las múltiples sustancias, los distintos elementos
de la Naturaleza.
El electrón es fuera de toda duda, una
cristalización primordial extraordinaria de carácter supra-atómico.
Todo átomo, todo electrón, tiene su origen en
el seno viviente del Akasha puro, la sustancia primordial, el Mulaprakiti de
los indostanes, el Caos, las Aguas Seminales Universales del Génesis, el eterno
femenino, simbolizado por todas las deidades femeninas de las antiguas
religiones, la Gran Madre, Isis, Adonia, Insoberta, Rea, Cibeles, Vesta, María,
Tonantzin, etc.
Esta sustancia primordial, este Akasha, esta
materia prima de la Gran Obra, es, fuera de toda duda, la Madre Divina, Isis,
la virgen adorable de todas las religiones antiguas, siempre llena de gracia.
El Padre, el Primer Logos, depositó en ella
toda la gracia de su sabiduría. El Hijo, el Segundo Logos, depositó en ella
toda la gracia de su amor. El Espíritu Santo, el Tercer Logos, depositó en ella
toda la gracia de su poder ígneo.
Realmente en el Universo sólo existe una sola
sustancia básica que, cuando cristaliza, recibe el nombre de Materia y, cuando
no cristaliza, cuando permanece en su estado fundamental, recibe el nombre de
Espíritu Universal de Vida.
Ella inicia sus procesos de condensación o
cristalización cuando el Tercer Logos, mediante el connubio sexual de la
palabra, la hace fecunda con el fuego flamígero.
Ella permanece en su estado insípido,
insustancial, inodoro, durante la noche cósmica, durante el gran Pralaya,
cuando el Universo que existió, ya no existe.
Cuando el Fuego la hace fecunda, el Cristo
Cósmico, el Segundo Logos penetra en su vientre, el gran vientre, y nace de
ella y en ella para crucificarse en los mundos, por ello siempre se la
representa con el niño en sus brazos. Es Isis con el niño Horus en sus brazos,
es María con el niño Dios en sus brazos, etc.
En el vientre fecundo de la Gran Madre se
originan, bajo el impulso del Tercer Logos, muchos campos de fuerza en donde
las ondas de lo que podemos llamar pre-materia condensan en corpúsculos.
Nada saben los científicos modernos sobre el
misterio del núcleo atómico, que se considera formado por protones y neutrones,
nada preciso saben sobre las fuerzas nucleares.
Todo el material planetario está
científicamente constituido por átomos maravillosos; fuera de toda duda, éstos
son las partículas más pequeñas de los elementos.
Todo átomo es un verdadero Universo en
miniatura. Todo átomo es un trío de materia, energía y conciencia.
El átomo está constituido por un núcleo o sol
muy radiante cargado positivamente de electricidad, alrededor del cual giran
danzando felices los electrones planetarios infinitesimales, cargados
negativamente.
El núcleo atómico es semejante en todos los
materiales, como es también el electrón, variando entre sí los elementos
únicamente por el número de los electrones supeditados al núcleo, y por
variaciones correspondientes a su carga.
El átomo es todo un sistema solar en miniatura.
Exactamente lo que el Sol es al sistema solar y el huevo fecundado al cuerpo
humano, es el núcleo atómico con respecto a todo el Universo atómico.
Se nos ha dicho que el diámetro del núcleo
atómico puede ser de un diez milésimo de todo el átomo.
Y como Júpiter en el sol, se nos dice que sus
electrones pueden medir un décimo de diámetro de su núcleo; de modo que en su
escala propia circulan en una inmensidad de espacio tan gigantesco y profundo
como el que abarca en su totalidad el planeta Tierra y los otros planetas del
Sistema Solar de Ors.
La Naturaleza tiene muchos elementos y éstos se
catalogan ahora merced al número de electrones desde el 1 hasta el 96. El
hidrógeno, con un electrón, tiene número atómico 1; el helio con dos
electrones, 2; etc., con dos excepciones; únicamente los elementos
desarrollados entre el vientre de la Gran Madre resultan siendo en el fondo
distintas cristalizaciones de la sustancia primordial.
Existen en la Naturaleza siete categorías
fundamentales de densidad entre los variados elementos.
Cada elemento es atraído sexualmente por aquél
que posee el número complementario de electrones, del modo maravilloso como el
sodio, con un electrón sobrante, se inclina sexualmente por el cloro, al que
falta uno, para formar sal.
Aquí tenemos al sexo... Aquí tenemos al macho y
a la hembra de los elementos de la Naturaleza uniéndose sexualmente.
El metal positivo es impelido irresistiblemente
a combinarse sexualmente con el metaloide negativo, en proporción exacta a su
contraste. Este es un paralelismo platónico extraordinario de las almas
gemelas, que buscan su mitad complementaria de la que fueron separadas en la
primera creación.
El elemento activo en el Sol Cristo es fuera de
toda duda el hidrógeno en cantidad infinita.
El átomo del hidrógeno posee un solo electrón
que gira alrededor de su núcleo básico.
El átomo del hidrógeno se encuentra en la
frontera entre la materia en estado molecular y la materia en estado
electrónico. El siguiente estado de sutilización del hidrógeno corresponde a
los electrones libres, luz, ondas magnéticas, estado espiritual.
Para crear un átomo de helio y dos rayos de sol
se necesita consumir cuatro átomos de hidrógeno.
La energía sexual del Tercer Logos fluye
avasalladoramente desde el centro de todo átomo y de toda Galaxia y de todo
Sistema Solar, uniendo polos opuestos para nuevas creaciones.
Los átomos del hidrógeno se complementan con
los átomos de carbono para iniciar el desarrollo de la luz.
Los átomos masculinos del hidrógeno con un sólo
electrón bombardean a los átomos femeninos del carbono, de seis electrones,
para originar los átomos de nitrógeno con siete electrones.
Los átomos del nitrógeno al unirse sexualmente
con nuevos átomos de hidrógeno se convierten en átomos. de oxígeno ligero.
Cuando un átomo de oxígeno ligero se halla en plenitud se escapa de él un
electrón libre y cierta cantidad de energía radiante.
Después de esto el resultado es un átomo pesado
de nitrógeno que es nuevamente bombardeado sexualmente por hidrógeno; sin
embargo, esta vez se obtiene un resultado diferente. El propio átomo de
hidrógeno captura uno de los electrones del nitrógeno para formar un átomo de
helio con dos electrones, en tanto que el átomo de siete electrones del
nitrógeno, se reduce al átomo de seis electrones del carbono con el que
empezamos porque el fin es siempre igual al principio más la experiencia del
cielo. Esa es la ley.
Así se cierra este cielo sexual del carbono. La
luz solar se gesta sexualmente en la novena esfera (el sexo).
La gran luz solar es el resultado químico y
matemático de los distintos procesos sexuales atómicos del carbono.
Los átomos del hidrógeno vienen a constituir un
puente entre el espíritu universal de vida y la materia de diferentes
densidades.
El fraccionamiento del átomo, las explosiones
nucleares, liberan materia abismal sumergida, nuevos elementos atómicos
terriblemente malignos; Neptunio (93), Plutonio (94), Americio (95) y Curio
(96).
Este tipo infernal de sustancias atómicas
terriblemente malignas se escapan del abismo con las explosiones atómicas, y
atraen a la superficie de la Tierra y a la mentalidad de las gentes ciertas
características psicológicas, espantosamente monstruosas.
La desintegración del átomo es una blasfemia,
una locura científica que no solamente trae daños físicos a este afligido
mundo, sino también monstruosidades psíquicas mentales, abominaciones
espantosas de tipo infernal, etc.
Si el ser humano estudiara mejor la energía
solar y la aprendiera a usar inteligentemente, el combustible líquido sería
eliminado y la conquista del espacio sería un hecho, a condición de una
conducta recta.
Donde alcance a llegar un rayo de luz solar
alcanza a llegar el hombre.
La energía solar es millones de veces más
potente que la energía atómica.