CAPITULO II
LA VIA LACTEA
La Navidad es una fiesta solar, una fiesta
cósmica inefable que tiene su origen en la noche profunda de los siglos.
El sol físico tridimensional es tan sólo el
vehículo de acción del sol espiritual. El sol físico, el místico, encuentra al
sol de la medía noche, a la estrella de Belén, al Cristo Cósmico.
Todas las religiones arcaicas rindieron siempre
culto al sol, y hasta el Vaticano está construido en tal forma que sus puertas
están abiertas hacia el oriente, hacia donde sale el sol.
Los cristianos primitivos decían siempre con
gran devoción: "Nuestro Señor Jesucristo el Sol".
Es admirable cómo se mueve el astro rey entre
las innumerables estrellas del espacio infinito y con relación a los mundos más
cercanos, lo hace a la velocidad de 20 kilómetros por segundo.
En el centro de la Vía Láctea, el sol gira a
una velocidad asombrosa a razón de 270 kilómetros por segundo. En este
movimiento arrastra a la tierra y a todo el sistema solar.
La Tierra en la cual vivimos, nos movemos y
tenemos nuestro Ser, es algo más que una mole de materia, es fuera de toda duda
un organismo viviente sobre cuya epidermis vivimos todos nosotros como simples
parásitos.
El camino recorrido por la Tierra en el espacio
infinito es muy complicado y difícil.
El planeta Tierra danzando alrededor del sol
entre la música de las esferas, viaja realmente a una velocidad vertiginosa
girando por el centro de esta formidable galaxia en que vivimos.
La Vía Láctea es realmente tan gigantesca que,
aún viajando a 270 kilómetros por segundo, el sol tardará unos 200 millones de
años para dar una vuelta completa alrededor de ella.
La Vía Láctea es un organismo cósmico vivo, un
cuerpo espiraloide dentro del cual existe nuestro sistema solar.
Toda nebulosa, incluso nuestra Vía Láctea,
tiene de hecho y por derecho propio el mismo diseño fundamental.
En toda galaxia se procesan tres fuerzas, la
primera es la Centrípeta, la segunda es la Centrífuga, la tercera es la Neutra,
que sirve como punto de apoyo y equilibrio.
La fuerza Centrífuga imparte a la nebulosa un
movimiento en forma espiral, a semejanza de una tromba en un arenal que imparte
movimiento espiral a la columna de polvo que levanta.
La Vía Láctea, con todos sus dieciocho millones
de soles e innumerables planetas y lunas, tiene como centro de gravitación el
Sol Central Sirio.
Antiguas tradiciones esotéricas afirman que en
el Sol Central Sirio existe la Iglesia Trascendida.
Dentro del templo de Sirio pueden los adeptos
tener la dicha de encontrarse con los discípulos del Dios Sirio.
Cuando algún adepto. intenta pasar más allá de
la Vía Láctea, es siempre obligado a regresar a Sirio. A los adeptos del
planeta Tierra les está prohibido pasar más allá de Sirio.
Los astrónomos saben muy bien que más allá de
la Vía Láctea sólo hay tres galaxias visibles a simple vista, sin ayuda del
telescopio. Dos de ellas pueden verse desde el hemisferio sur, son la Gran Nube
y la Pequeña Nube de Magallanes, así llamadas en honor del célebre explorador.
Los adeptos de la gran Logia Blanca cuando
pasan más allá de Sirio, pueden ver dos órdenes de mundos que centellean
maravillosamente con un bello color rosado, en esas dos Galaxias existen otros
tipos de leyes cósmicas desconocidas para los habitantes de la Vía Láctea.
En los textos sagrados de la sabiduría oculta
existe una máxima que dice: "Donde la luz brilla más claro allá también
las tinieblas son más espesas".
En los mundos superiores todo adepto puede
verificar que muchas veces, junto a algún templo de luz, existe también por
contraste un templo de espantosas tinieblas.
Basados en esta regla podemos asegurar, sin
temor a equivocarnos, que el Sol Central Sirio es doble y que su compañero es
un mundo gigantesco tenebroso.
De Sirio vienen al planeta Tierra las fuerzas
cósmicas que gobiernan al Supra-Cielo, pero de su hermano tenebroso descienden
hasta nosotros las fuerzas que gobiernan al Infra-Infierno.
Los astrónomos le dan a Sirio el apodo de
Estrella Perro y a su compañero tenebroso el de Cachorro.
Nuestra Galaxia es gigantesca, maravillosa,
formidable, nuestra Galaxia mide unos 100.000 años luz de diámetro y quizás
unos 10.000 años luz de espesor.
El Sol que nos calienta y nos da vida , nuestro
amado Sol, fuente de toda vida, está situado, a unos 3.000 años luz del centro,
que lo coloca a un tercio de distancia entre el centro de la Galaxia y uno de
sus extremos, parece que está cerca del anillo interior de un brazo espiral y
también de un grupo de estrellas muy débiles y lejanas y de otro grupo más
cercano al centro.
Existen en el espacio infinito muchos miles y
millones de Galaxias, se estima que en un espacio de 250.000.000 de años luz,
existen alrededor de 2.000.000.000 de Galaxias, y aún a esta distancia tan
tremenda no dan señales de terminar.
La situación de nuestro sistema solar, es,
fuera de toda duda y sin exageración alguna, la misma de una célula sanguínea
dentro del cuerpo humano.
En el Microscopio podemos verificar que un
corpúsculo blanco se compone también de un núcleo o Sol, su citoplasma o esfera
de influencia; y éste también está rodeado por todos los lados por millones de
células semejantes o sistemas, formando el todo, un gran Ser cuya naturaleza
sería, para la célula, difícilmente susceptible de concebirla.
La Vía Láctea es un organismo viviente que
nació en la novena esfera del agua y del fuego.
Quienes suponen que las Galaxias, incluyendo a
la Vía Láctea, tuvieron su origen en la explosión de algún átomo primitivo,
están muy equivocados.
Existe una máxima esotérica que dice: "Tal
como es Arriba es Abajo".
Si el origen de esta pequeña Galaxia
Microcósmica llamada hombre tuvo su origen en la novena esfera, en el sexo,
podemos deducir lógicamente sin temor a engañarnos, que el origen de nuestra
Galaxia y de todas las Galaxias del infinito hay que buscarlo en la novena
esfera, en el sexo.
El Templo de la Sabiduría se encuentra en la
novena esfera, el Templo de la Sabiduría está situado entre el Phalo y él
Útero.
Es a todas luces imposible experimentar la
verdad sobre el origen de las Galaxias si no entramos a la novena esfera
(Sexo).
El connubio sexual de la palabra en el amanecer
de la vida, hace fecundas las aguas del Caos y nacen las Galaxias y nacen los
mundos.
El fuego sexual del Kundalini siempre hace
fecundo el vientre de la Gran Madre.